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  • Melissa Martinez

El emprender como práctica espiritual

¿Alguna vez te has preguntado cuál es tu propósito en esta vida? Tranquila, este blog no es para enseñarte a descubrir tu propósito ni tus talentos. Hoy simplemente quiero explorar contigo lo que nos hace humanas, a ti y a mi.


Si tienes tiempo siguiendo lo que escribo, o comparto en redes, sabrás que me encanta viajar. Mi esposo y yo realizamos al menos un viaje al año. Es uno de nuestros rituales como pareja no negociables. Sin embargo, hace 2 años me he aventurado a uno de los viajes más intensos, más demandantes, más apremiantes y más iluminadores que he hecho: el emprendurismo.


Te platico un poco de mi familia para darte más contexto. Prometo ser breve.


Vengo de una familia de 6. Mis dos padres, tres hermanos, y yo. Todos y cada uno de ellos han emprendido algo, la mayoría de ellos lo siguen haciendo.


Cuando me pregunto de dónde viene nuestro espíritu emprendedor, lo primero que viene a mi mente es la palabra: resiliencia.


Mi familia, y yo, hemos pasado por experiencias duras, tal vez algunos que nos conocen dirían catastróficas. Nos hemos caído, nos hemos levantado. Nos hemos separado, y nos hemos reconciliado. En fin, sabemos lo que es perder algo, y por lo tanto sabemos lo que es desear con el corazón y con todas las fuerzas el recuperarlo.


Antes de mudarme a Estados Unidos, nunca me imaginé que iba a terminar emprendiendo mi negocio. Me rehusaba a la idea de tener mi propio estudio de yoga, de contratar maestros o equipo de trabajo, de manejar finanzas, de hacer marketing, pero también me rehusaba a trabajar para alguien. Creo que parte de mi naturaleza siempre ha dictado el que trabaje para mi, pero no fue hasta que me fui de mi país que me di cuenta.


Una de las ventajas de migrar a otro país, o ciudad, es el bailar con la idea de reinvención, de volver a empezar, de ser alguien diferente, de replantearte todo lo que has creído hasta entonces.


Y así es como fue.


Llegué a un lugar donde nadie me conocía. Donde nadie sabía a qué me dedicaba, cuáles eran mis talentos, mis regalos para el mundo.


Así que me tocó construir, y reconstruirme.


Para todas aquellas personas que se dedican a emprender, emprender una familia, emprender un proyecto, un negocio, un movimiento, saben perfectamente lo abrumante que puede ser el saber por dónde empezar.


Y de esto se ha tratado mi vida estos dos últimos años. En partir desde lo más simple, aunque a veces puede ser lo más complejo: ¿qué es lo que me mueve? ¿qué es lo que me hace perderme en el tiempo y deleitarme plenamente? ¿qué es aquello que me hace completamente consciente y presente en esta experiencia humana?


Para mi la constante siempre ha sido “ayudar a los demás”.

Es por eso que creo que mi propósito siempre descansa detrás de estas palabras: servicio.


Es a través del conectar, del compartir, el dar, el escuchar, el elevar, que me siento más dichosa y totalmente alineada con eso que me hace vibrar.

Así que esta nueva etapa de mi vida ha sido de viajar hacia dentro. Visitar lugares incómodos. Perderme. Encontrarme. Presupuestar. Ver nuevos panoramas. Reinventarme. Tocar heridas profundas. Estar de frente con mis miedos, mis dudas, mi sombra.


Ese es el tipo de empredurismo que a mi me interesa. El emprender para conocerme mejor, para potencializar mis talentos y ponerlos al servicio de los demás. Para sanar todas aquellas heridas que me dicen: no puedes, no sabes, quién eres tú para hacerlo, ya lo han hecho antes, no estás suficientemente estudiada, te falta mucho, bla bla bla.


Y tú, ¿qué puedes ver detrás de tu emprendurismo? ¿Qué te mueve? Me encantaría saber de ti. Déjame tus comentarios abajo. Los leo todos. Te deseo feliz viaje hacia dentro de ti.

© Melissa Martinez

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