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  • Melissa Martinez

El querer complacer al otro: una respuesta ante heridas emocionales


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Tic, tac, tic, tac. Las campanas de viento sonando en el jardín. Los perros de los vecinos ladrando. El viento anunciando la lluvia. El silencio de mi casa.


Hogar dulce hogar. Después de haber estado fuera casi 4 semanas, estoy saboreando el estar sentada en mi sillón, viendo el pino con las luces apagadas (ya pasó la Navidad, aunque me de nostalgia aceptarlo). Mi perrita roncando. Mi gato dormido en mi cama. Mi esposo de viaje. Y yo. Conmigo misma. Es. Un. Deleite.


Espero no me mal entiendas. Amo el viajar a México durante las fiestas y ver a mi familia, amigos, montañas, paisajes...churros, café de olla, pan dulce, chilaquiles… (ok, creo que me desvié del tema). Sin embargo, este año tuve una revelación. Algo que intelectualmente ya sabía, pero este mes pasado me quedó muy claro: soy introvertida y estar con mucha gente (aunque sea muy querida) me drena. Punto. Lo dije.


Recientemente leí un artículo acerca de la gente que podemos catalogar como: “people-pleasing” de Sam Dylan Finch. Este artículo habla de otra respuesta al trauma emocional: “fawning” o adulación.


Por lo general hablamos de la respuesta de “lucha, huída, congelado o doblado”, sin embargo me parece sumamente interesante el agregar la respuesta de “adulación” a la respuesta de trauma.


Después de años de auto-estudio y entrenamientos de Yoga, caí en cuenta que en mi hay una tendencia fuerte de querer complacer a los demás. De hecho recuerdo un entrenamiento de Yoga en el cual el maestro comenzó la clase con una dinámica grupal. La dinámica constaba de presentarnos y decir cuál era nuestro super héroe (heroina) favorito y por qué.

Mi respuesta fue Mystique, de X-Men. ¿Por qué? Porque podía usar sus super poderes para camuflajearse de acuerdo a su entorno. Cambiar su apariencia rápidamente. Incluso cambiar su voz.


Cuando lo dije en voz alta enfrente de más de 30 personas me di cuenta de algo. Toda mi vida he tratado de encajar. De cambiar para ser aceptada. Pero más allá de ser aceptada, cambiar para evitar el conflicto. Para que todos estén bien. Sin importar lo que yo quiera. O lo que sea verdadero para mi. O valorar y usar mi voz.


Cuando hemos vivido trauma emocional y/o alguna vivencia traumática (según las estadísticas la mayoría de nosotros hemos vivido, o estamos viviendo) reaccionamos y/o respondemos de cierta manera. Cada situación es única y compleja. Por lo tanto es imposible saber cómo vamos a reaccionar en determinada situación o momento, o cómo hubiéramos reaccionado si hubiéramos estado en los zapatos del otro.


Regresando a mi revelación decembrina, me di cuenta que muchas veces he aceptado varias cosas para no incomodar a los demás. Hice cuenta de que he hecho las mismas cosas por más de 30 años para no crear conflicto en las rutinas familiares.


Con mi cabeza dando vueltas me tiré a la cama a lado de mi esposo y me puse a llorar como niña diciendole que ya me quería regresar a casa y no ver a nadie. Que ya estoy harta de poner a los demás antes que a mi. Que estoy cansada de hacer cosas que en ocasiones no quiero hacer con el simple propósito de ser buena hija o ser buena amiga, o buena persona. O peor aún: buena y espiritual persona que siempre encuentra el lado positivo de las cosas.


Pura. M1erd@. A veces (muchas veces) es saludable y necesario ver el lado oscuro de la situación, el otro lado de la moneda, “the dark side of the moon”. Y es entonces cuando volteas a ver tu sombra, que le das entrada a la luz.


La espiritualidad (si es que hay algo como tal) me ha enseñado a experimentar todas mis emociones. Verlas. Escucharlas. Sentirlas. Dejarme guiar por ellas. Aceptarlas. Y quererlas.


¿Cómo podemos darnos cuenta que estamos siendo Mystique?

Observando nuestras emociones.


Tal vez dije algo para complacer al otro. ¿Cómo me hacer sentir eso?


Tal vez no dije algo para no crear conflicto con el otro. ¿Cómo se siente mi garganta y mi cuerpo cuando oculto mi verdad?


Tal vez sigo en esa relación tóxica que sé me hace daño pero me cuesta dejar. ¿Cómo sí me gustaría amar y ser amada?


Tal vez haciendo las mismas cosas una y otra vez para ser la buena del cuento y no crear conflicto. ¿Y cómo me está tratando esta serie de decisiones?


Cuando entendemos que el querer complacer a los demás es una respuesta natural ante el trauma emocional, heridas del pasado, o adversidades en la infancia, entonces podemos verlo desde otra perspectiva.

No es que estés rota. O que haya algo malo en ti.

Es simplemente una programación que puede ser re-programada.


¿Cómo puedes re-programar la tendencia a complacer a los demás?


Hay muchas maneras de hacerlo. Pero hoy te voy a compartir lo que a mi más me ha ayudado estos últimos 2 años: utiliza tus emociones como si fuera tu GPS interno.


Cuando te encuentres en esa situación de adulación pregúntate ¿cómo me siento en este momento? ¿Enojada, triste, ansiosa, temerosa, angustiada, contraída, insegura, falsa, fuera de lugar, impostora?

Crea un espacio seguro dentro de ti para darte el permiso de sentir tus emociones. Ellas te van a indicar (siempre) si la experiencia que estás teniendo te hacer sentir expandida o contraída (pista amistosa: por lo general cuando estás siendo honesta contigo misma te sientes expandida, y cuando te das la espalda, contraída).


Y si la respuesta es la segunda, entonces puedes tomar una segunda acción. Ya sea agendar una sesión con algún(a) profesional en salud mental, o llamar a alguna amiga, ir a una clase de Trauma Informed Yoga o pedirle a alguien que te aprecie que sostenga espacio para ti y tus emociones.


Para mi el haberme dado cuenta a un nivel más profundo es parte de la sanación. No culpo a nadie. No me hago la víctima. Simplemente agradezco haber estado en las situaciones correctas, con las personas correctas, para yo elegir no darme la espalda nunca más. O al menos, tener esa intención. Y guardarla en mi corazón, hasta que se convierta en algo natural.


Sé que me gusta complacer. Que me gusta encajar. Sentirme vista. Reconocida. Aceptada.

Y esta bien. Honro y amo esa parte de mi. Pero también honro y amo la parte en mi que me pide a gritos ser más honesta conmigo misma. Cuidarme más. Amarme más. Permitirme ser más plena, más segura de mi misma. Más yo. Sin pedirle permiso o perdón a nadie.


Toma tiempo. Tal vez ayuda profesional. Tal vez escribir en tu diario. O tal vez llorar como chiquilla en la cama a moco tendido.


Y si me preguntas quién sigue siendo mi heroina favorita (aunque técnicamente no es heroina) es Mystique. Por su flexibilidad ante el cambio. Porque tiene el super poder de cambiar y adaptarse. Una. Y. Otra. Vez.

© Melissa Martinez

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